...Y el Verbo era con dios, y el Verbo era Yo.
Saludos, amigos. No he encontrado mejor forma de empezar este blog que utilizando la frase con la que Juan echa a andar su evangelio. Y no se me asusten, que aquí teología van a encontrar poca, pero no me negarán que la oración tiene su aquel. Si, ya sé que he incluido un par de cambios, y esa es precisamente la clave del asunto. De una parte, el hecho de que el término "dios" esté en minúscula no lo voy ni a explicar porque resulta obvio. Cada cual es muy libre de ver los sustantivos absolutos donde quiera, y yo sé dónde están los míos. De otra, lo que acaso pueda resultar mas sorprendente es la inclusión final del pronombre "Yo". ¿Me estoy comparando con el altísimo?, ¿intento verme como un ser superior?, ¿tan pagado de mí mismo estoy que, sin el menor reparo, me atribuyo el don de la omnipotencia?...Nada de eso. Aunque no me cabe duda de que a más de uno le encantaría que así fuera, dejen que les explique y verán que el objetivo es ciertamente modesto.
La palabra "Verbo", en este caso, está directamente traducida del término "logos", cuyo significado es, entre otros, el de "razón" o "relato". Y es precisamente ahí donde quiero ir a parar (perdonen ustedes los rodeos gramaticales). Como verán, no digo que el verbo, la palabra, el relato o (los dioses me libren) la razón estén conmigo, primero porque el pudor no me lo permite y segundo porque no sería cierto. Lo que digo es que el relato, soy yo. Y esto es así porque lo que ustedes van a leer de ahora en adelante es el relato de las cosas que me han traído hasta aquí, de aquello con lo que me identifico en proporción tanto directa como inversa y de cosas tan importantes como libros, discos y películas, así como de las personas que las hicieron. No se escatimará, se lo aseguro, vehemencia encarnizada contra las fobias y loas incondicionales hacia las filias, pues nunca he creído en la crítica aséptica y falazmente objetiva. Por tanto, lejos de situarme en la atalaya del que sabe para epatar en bares y reuniones familiares con berborrea de gafas de pasta sin graduar, me haré un huequecito entre aquellos cuyo único objetivo es disfrutar de las cosas hermosas que, al menos de momento ("1984" ó "Faenheit 451" no están tan lejos) nos quedan, y compartirlas. Lo que hay es lo que ven.
Pasen y lean, no sean tímidos.
